Tsunamis: cuando el terremoto golpea el mar
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Las peores catástrofes sísmicas de las últimas décadas no las causaron las sacudidas en sí, sino el agua que vino después. Un tsunami es la respuesta del océano a un terremoto — y puede cruzar un océano entero.
Así se forma un tsunami
Cuando un gran sismo (típicamente de magnitud 7+) ocurre bajo el lecho marino y la ruptura levanta o hunde el fondo en vertical, toda la columna de agua que hay encima se desplaza con él. Esa masa de agua desplazada empieza a moverse en forma de olas — el tsunami. La mayoría se forman en zonas de subducción, donde una placa se hunde bajo otra.
Invisible en el mar, enorme en la costa
En aguas profundas un tsunami viaja a hasta 700–800 km/h — la velocidad de un avión — y sin embargo suele medir menos de un metro de altura, de modo que los barcos apenas lo notan. Cuando la ola llega a aguas poco profundas se frena y la energía es empujada hacia arriba: la ola se levanta y puede golpear la costa como un muro de agua de varios metros, o como una inundación que sube rápidamente y sigue avanzando durante minutos.
Las señales de alerta
- Un terremoto largo y fuerte cerca de la costa — si apenas puedes mantenerte en pie y las sacudidas duran mucho, dirígete de inmediato a un terreno elevado
- El mar se retira de repente y deja el fondo al descubierto — es el valle de la ola, que llega primero
- Un rugido o retumbo inusual procedente del mar
Nunca esperes a una alerta oficial si tú mismo percibes las señales — y recuerda que un tsunami son varias olas: la primera no suele ser la mayor. Lee también las reglas generales de seguridad ante terremotos.
La vigilancia hoy
Desde la catástrofe del océano Índico de 2004, los sistemas de alerta del mundo se han ampliado enormemente con sismógrafos y boyas oceánicas. Los grandes sismos submarinos se detectan en minutos — puedes verlos aparecer en el mapa en vivo de EarthquakeIndex, donde los sismos submarinos a lo largo de las zonas de subducción son cosa de todos los días.